1 oct. 2010

BIOGRAFÍA DE LOBO (III)

FRAGMENTO DE "BIOGRAFÍA NO AUTORIZADA DE LOBO", POR E. TRIBB:



   CAPÍTULO 1: UNA SERPIENTE EN EL EDÉN:

   No hace mucho tiempo, en una galaxia tan lejana que ni una vez en la historia tuvo contacto con otros sistemas estelares, existía la perfección.
   La llamábamos Czarnia. Armonía. Cielo. El hogar de una de las razas más nobles y bellas que nunca emergieron de las estrelladas entrañas de la Madre Universal.
   Czarnia, paraíso de amor y tranquila armonía, donde los días eran largos, las noches doradas y los sueños de todos se cumplían. No había guerras. No había hambre. La muerte llegaba sólo a aquellos que la escogían como alternativa a una vida sin fin. No había violencia. Ni siquiera había una palabra para definir “pelea” o “disputa”, u “odio”, aparte de la frase traducible como: “Estoy en leve desacuerdo con usted y más que deseoso de entrar en un armonioso diálogo con vistas a encontrarle solución, pero primero compartamos un glóbulo de néctar y un pellizco de deliciosa ambrosía mientras admiramos las formas perfectas de alguna obra de arte estéticamente estática.”
   Pero en el Edén nació una serpiente… y el nombre del diablo era Lobo.
Se dice que la comadrona que lo trajo al mundo sintió una extraña y desconocida sensación en el momento de su nacimiento. Con el paso del tiempo, hemos llegado a la conclusión de que se trataba de una terrible aprensión.
“¡El diablo!”, gritó, “¡El diablo encarnado!”
   Nadie sabía de qué estaba hablando, pero a esta anónima mártir le cupo el dudoso honor de convertirse en la primera víctima de Lobo. Ella fue la primera enferma mental que había tenido el planeta en más de diez milenios, y nadie supo nunca por qué rehusó regenerar los cuatro dedos que el nocivo hijo de la oscuridad le había arrancado de un mordisco. Las mejores mentes de Czarnia –las mejores mentes existentes- emplearon años de estudio en el fenómeno Lobo. Las teorías fueron numerosas: un gen renegado; posesión demoníaca; la teoría del chivo expiatorio, que mantenía que aquella era la forma en que el universo compensaba la hiperabundancia de las cosas buenas de la vida en Czarnia; el principio de la incertidumbre de Heideleide, cuyos seguidores insistían en que Lobo tenía que ocurrir alguna vez en algún lugar y que había sido cuestión de suerte que ocurriera allí.
   Otros, como la profesora del jardín de infancia, Lubla Blak, no tenían tiempo para teorías. “Lobo era un pequeño bastardo”, declaraba poco antes de su muerte en un nunca resulto bombardeo de napalm.
   Lubla creía que, debido a algún capricho de la naturaleza, el uno por ciento del poder mental de todos los czarnianos encauzados al desarrollo vital se había visto revertido de alguna manera en Lobo. Toda su voluntad, su energía, su habilidad, estaba dirigida a sembrar el caos con tanta frecuencia y alcance como le fuera posible… ¡Y vaya si lo creó!
   Ciertamente, Lobo abrió una brecha en la intelectualidad del glorioso sistema educativo de Czarnia. Nadie estudiaría mientras él pudiera aporrear a un compañero de clase, o a un profesor. Lobo “dirigió” pronto su escuela. Ya a los cinco años de edad era increíblemente feroz, un hecho atestiguado por su primer director, Egon N’g, cuya garganta fue desgarrada durante un ataque de ira del odioso niño. Cuando lo encontraron sus vecinos, había garabateado en el suelo el siguiente mensaje con su propia sangre: “Mi confianza en la bondad natural del curso de las cosas se ha visto seriamente perturbada, si no totalmente destruida. Me reúno con la Unidad Universal. ¡Adiós Paraíso! Postdata: Por vuestro bien, cread los conceptos de Policía, Castigo y Prisión.”
   Sí, esto necesitó mucha sangre, pero la muerte del señor N’g fue lenta. Policía. Castigo. Prisión. ¿Pero qué eran aquellas cosas, en el nombre de la bendita cornucopia? Y mientras tanto, en las clases de Czarnia, sangre derramada, cuerpos golpeados y huesos rotos marcaban los progresos de la Serpiente. Una era terminaba. En la galáctica distancia un apagado tambor comenzó a sonar, presagiando el fin de la perfección.


   CAPÍTULO 2: MASACRE:

   ¿Qué tiene 117 micrones de largo, vuela, parece un escorpión y horada la carne causando grandes ampollas negras y un grave envenenamiento de la sangre que, a largo plazo, resulta en una muerte agonizante (y embarazosa)?
   Los czarnianos tampoco lo sabían.
   Y como uno de los efectos secundarios era la parálisis total, efectiva a los pocos segundos de la infección, no tuvieron muchas oportunidades para descubrirlo. Lo que sí tuvieron fueron varios millones de personas cayendo incurablemente enfermas al mismo tiempo. En un planeta donde las enfermedades eran desconocidas –e incluso el 99’86 por ciento de los accidentes se evitaban por completo-, esto no era cosa de risa.
   Cuerpos hinchados, bubones negros exudando un olor de podredumbre, se apilaban en las calles. Padres, madres, hijos, se arrastraban en ciega desesperación, las voces unidas en un grito de dolor planetario cuyos ecos conmovedores tardaron cinco días en desaparecer… en el frío silencio de la muerte por abominación.
   Y mientras el planeta moría, su asesino sonreía.
   En un ornado balcón ubicado entre las altas torres de Czarnia, el archidiabólico Lobo se relajaba. Un vaso de brillante neurovino para humedecer sus labios, secos de obscena anticipación. Alzaba su otra mano en el aire, un suave movimiento lleno de gracia que había perfeccionado durante meses. En la satinada superficie de un muro de plasgás atisbó su reflejo. Mr. Supremo. ¡Escalofriente! El Escalofrío Definitivo.
   ¡Sí señor! Había recorrido un largo camino desde aquellos titubeantes primeros días. Días en los que había sido un gran acontecimiento acabar con cualquier gusano que se cruzase por su camino… días en los que pensaba que ser un asesino simple y dañino era lo único a lo que podía aspirar. Cuando se graduó en el Instituto ya casi estaba hastiado de violencia, incluso de sus peores extremos.         
   Detestaba a todos con los que se encontraba y los trataba en consecuencia. Todo Czarnia conocía y temía su nombre. Nunca se encontró una solución al problema de su existencia. Ninguna súplica a su faceta benévola tuvo nunca el menor efecto; el mismo Lobo presumía con frecuencia de no tener faceta benévola. Se consideró la posibilidad de emplear amenazas, algo totalmente ajeno al modo de vida czarniano, pero se desestimó cuando se dieron cuenta de que nadie sabía cómo hacerlo.
Y cuanto más diabólico se volvía Lobo, más le gustaba...
   Hasta que, ya cerca de los veinte años, su ego monstruosamente hinchado dio el último paso adelante. Empleando una inteligencia que en diferentes circunstancias habría podido convertirle en uno de los mejores cirujanos cerebrales de la galaxia, Lobo comenzó a trabajar en la clase de biología.
   Emergió de ella con algo que medía 117 micrones de largo, tenía alas y apariencia de escorpión y horadaba la carne. De haber quedado algún superviviente, nos hubiera explicado la risa escalofriante que atravesó el aire mientras rompía las probetas que contenían la muerte de Czarnia y sus fabulosos hijos. La risa flotó en el viento y muchas de las víctimas hubieran podido jurar que, mientras sentían las ardientes mordeduras de millones de cosas excavando en sus cuerpos, el eco de aquella risa maldita era mucho más aterrador que su dolor... si hubiese sobrevivido algún testigo.
   En la balconada, Lobo, el Señor de la Muerte, alzó su copa en un último brindis. La electricidad recorrió su columna vertebral. Complejas reacciones químicas en su cerebro le llevaron a un estado de euforia mística. Recordó fugazmente a Daline Zaad... su primer amor, la de suaves curvas y aliento cálido y dulce. Fuego blanco recorrió sus venas. Un leve quejido brotó de su garganta, liberándose y recorriendo cada hueso de su cuerpo.
   Matar a un planeta fue como matar a Daline Zaad... sólo que varios millones de veces mejor.

   
   CAPÍTULO 3: UNA ENTREVISTA CON LA MUERTE:

Transcripción número 531: Evaluación psicológica de L.E.G.I.O.N.
Sujeto: Lobo
Médico evaluador: el fallecido Dr. J.A. Gnuoy
Copias: Vril Dox, Lyrissa Mallor

LOBO: ¿Quién diablos se ha sentado aquí? ¡Este rajado asiento está más caliente que el trasero de una prostituta delbiana!
DOCTOR: Bienvenido, LOBO. Éste es un requisito habitual para los archivos de L.E.G.I.O.N. Sólo voy a hacerte algunas preguntas. ¿Qué es exactamente lo que no te gusta de los demás seres?
LOBO: Ah, nombra cualquier cosa.
DOCTOR: Siguiendo con el tema, ¿puede decirme por qué cuando los demás le irritan, le enfurecen o no le hacen nada, usted les mata?
LOBO: ¿Puedes decirme por qué los quejicas como tú siempre me entienden mal? Déjame aclarar una cosa... ¡Yo no mato gratis! Las palabras claves son: “sin contrato no hay asesinato”. ¿Captas? Soy el Ejecutor en persona, el Asesino de la Realeza, el Exterminador de las Estrellas. Mis habilidades especiales precisan mucha pasta. Sin paga, no juego. Excepto... si mato a alguien y no soy pagado. Entonces, generalmente mato al gusano que no me ha pagado. Ese tipo de cosas las hago gratis. Va a cargo del bien de la comunidad.
DOCTOR: Ya veo. ¿Y cómo se toman eso sus amigos?
LOBO: ¿Qué significa “amigos”? ¿Es una pregunta con trampa?
DOCTOR: Volvamos a eso. ¿Nunca ha encontrado su vida solitaria, falta de propósito, de gente con quien hablar?
LOBO: ¿Estás loco? Mi propósito es ASESINAR y MUTILAR. ¿Es que un hombre no va a ser nunca reconocido? He dedicado mi vida a ser el mejor en lo que hago... ¡El Número Uno de todo el rajado Universo. Nadie lo hace tan bien como yo... y si creen que lo hacen, ¡déjeme frente a frente con ellos y les educaré condenadamente rápido!
DOCTOR: Suficiente. ¿Podría explicarme entonces cómo encaja esa imagen de macho “mátalos a todos y hiere gravemente a los supervivientes” con el banco de delfines que se sabe que ha tomado bajo su protección? Se dice que es usted tan amable y cariñoso con ellos como salvaje y despiadado con los demás.
LOBO: ¿Qué es lo que se dice, Clyde? ¿No estarás difundiendo algún tipo de rumor?
DOCTOR: ¡Que el Cielo no lo permita! No, simplemente me preguntaba cómo combina ambas personalidades dispares...
LOBO: No lo hago. Mis pececitos son lo más gentil y gracioso, la forma de vida más pura con la que nunca me he topado. Necesitaban de alguien como yo para protegerles.
DOCTOR: Y usted necesitaba a alguien como ellos, estoy seguro. Puedo verlo perfectamente ahora... volando hacia su base en algún Mar de los Sargazos galáctico, cansado tras un duro día de asesinatos, sus pulidos amiguitos revoloteando y topeteando a su alrededor, acariciándole, esperando a que su amo les lleve a dar un paseo...
LOBO: ...
DOCTOR: Uh... prosiguiendo, todo el mundo sabe que usted fue el czarniano que mató a todos los demás habitantes de su planeta para poder decir que era único...
LOBO: ¿Sí? Bien, soy un tipo singular. Funcionó, ¿no?
DOCTOR: Bien… sí. Pero para cualquier mente racional, un acto tal de genocidio –a tan colosal escala- es inconcebible. Es decir, ¿cómo puede alguien hacer algo tan grotescamente horrible, tan primitivamente bárbaro…?
LOBO: ¿Eres estúpido o qué? Yo puedo hacerlo. ¡Por eso soy único y ellos no lo son!
DOCTOR: Cambiando de tema… a pesar de su asesina reputación, usted también es conocido por mantener su palabra, por ser un hombre de honor.
LOBO: Sí, ese soy yo. No digo una cosa y hago otra. Haces una promesa y la mantienes ¡Juras venganza y te vengas! Cueste lo que cueste, tardes lo que tardes. Pégate a tu pistola y nunca abandones. ¡Ja, ja! Pistola, ¿lo entiendes?
DOCTOR: Incluso si la voz de la razón le dice otra cosa?
LOBO: ¿La voz de la razón?
DOCTOR: Así… es usted un hombre de anómalos contrastes. Me pregunto… ¿Ese trasfondo amable que percibo en usted discurre todavía más en el fondo? ¿Nunca se siente culpable de sus asquerosos desaguisados?
LOBO: ¿Qué asquerosos desaguisados? ¿Qué trasfondo amable? Es una broma, ¿verdad, Clyde?
DOCTOR: Bueno, realmente, no, estaba…
LOBO: ¡Maldito bastardo! Todos los estirados sois iguales. Un tipo os concede su tiempo –se comporta siseñor, noseñor-, ¿y qué consigue por sus molestias? ¡Rajados insultos! Vengo aquí, me siento en una silla incómoda… ¡Mollejas de Feetal! ¡Me entran ganas de corregir tu actitud! De hecho, Doc, es mi turno. ¡Veamos qué hay dentro de tu cabeza y examinemos tu cerebro…!
DOCTOR: No… ¿Qué va a hacer? ¡Aléjese! ¡AAAAGHHH!

Fin de la transcripción.

INFORME DE LA AUTOPSIA DEL DR J.A. GNUOY: La muerte del DR. Gnuoy parece haber sido provocada por un trauma masivo en la cabeza, aunque esto es en gran parte una conjetura, puesto que hemos sido incapaces de localizar la anteriormente mencionada cabeza.
   -El equipo médico

(La autora desea agradecer al Comandante Vril Dox de L.E.G.I.O.N. su ayuda a la hora de preparar este artículo)



LA MÚSICA HEAVY COMO FACTOR EN EL DESARROLLO DE LA PSICOPATÍA: UNA DISERTACIÓN DE E. TRIBB:

   Tenemos que asumir, dado que ningún czarniano demostró jamás interés alguno en la llamada música “rock”, que Lobo tuvo su primer contacto con el género poco después de la muerte y misteriosa desaparición de su niñera. Un inventario realizado en aquellos momentos reveló que también había desaparecido la radio de ella.
   La primera petición de Lobo auténticamente registrada se produjo un mes más tarde, en un programa emitido por la emisora pirata Rock del Zombie Cósmico.
   Un perceptiblemente nervioso disc-jokey, WolfMan Wilf, leyó la petición: “Que suene ´Yo maté a mis parientes (no fue un accidente)´, de Edipo Rompe, hasta que me harte o vendré a arrancarte la cabeza, gusano senil. Saludos, Lobo.”
   Wolfman Wolf sigue emitiendo la canción hoy en día… y, sin duda, Lobo sigue escuchándola. Imagínense el efecto de esa “canción”, con su lírica monstruosa e ilegal, su ritmo primitivo y salvaje instrumentación, sonando sin cesar durante años. ¿Qué horrores innombrables despertó en una mente juvenil que ya había sido corrompida?
   A comienzos de su adolescencia, Lobo creó su propia banda, “El Hombre y unos cuantos basuras”. Su primer concierto fue durante el noveno Festival de Música Haiku. La realimentación acústica y la sobrecarga resultante mataron al jurado, a seis filas de la audiencia, y al encargado de la caseta de los tés de hierbas. Los otros basuras –algunos dicen que afortunadamente- fueron sorprendentemente decapitados en el clímax de los primeros acordes.
   Corre el rumor de que Lobo entró en una institución médica privada para implantarse un microrreceptor de hondas de radio en los lóbulos de su cerebro. He sido incapaz de tener una corroboración de esto, ya que la clínica fue incendiada poco después (esa misma noche, de hecho), y se encontró al personal degollado.
   Algunos dicen que Lobo ha dado la vuelta a una página de su historia ahora que se ha convertido en un miembro de la L.E.G.I.O.N. De Vril Dox. A estos pobres ilusos sólo puedo decirles: ¡Tonterías! ¡Lobo ya ha ido demasiado lejos por el camino del mal para volver atrás! Los hechos son los siguientes: Vril Dox libró una épica batalla contra Lobo y aunque Dox había incrementado temporalmente su poder a niveles máximos, en el curso de un combate normal Lobo no habría tenido problemas para matar a su líder. Ha sido motivo de asombro y constante interrogación el hecho de que Dox venciera finalmente. Ahora puedo revelaros la verdad: ¡Justo antes del combate la emisora de Rock del Zombie Cósmico dejó de emitir! Los generadores habían sido alcanzados por un meteorito. ¡La música insana que había alimentado el salvajismo maníaco de Lobo había cesado! La emisora permaneció inactiva durante dos horas. Sin ese incesante ruido –esa cacofónica y primitiva incitación a la locura y a la carnicería gratuíta-, Lobo perdió su ventaja. Y la pelea.
   Obligado por honor a obedecer a su vencedor, Lobo no tuvo más elección que servir a la L.E.G.I.O.N., donde sus atrocidades son perpetradas contra infractores de la Ley, al menos (y, sin duda, contra sus compañeros).

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