5 ago. 2011

EL RETO DE LOS DOS CABALLEROS ZAMORANOS.

   EL RETO DE LOS DOS CABALLEROS ZAMORANOS.

   Aquí tenemos un breve romance inspirado en un suceso real _y muy frecuente en la época_ anterior a la muerte del Rey Don Sancho y a que Vellido Dolfos, Doña Urraca de Zamora y Arias Gonzalo alcanzaran la inmortalidad a través de unos geniales romances. Van ya algunos meses (del total de siete y medio) desde que Zamora, la última posesión que le queda a Sancho por conquistar, fuera cercada y los caballeros zamoranos tienen sus más y sus menos con los castellanos en una serie de duelos a caballo... este es el contexto en el que sucede esta aventura:

Riberas del Duero arriba                
        cabalgan dos zamoranos:                 
        las divisas llevan verdes,              
        los caballos alazanos,          
        ricas espadas ceñidas,   
        sus cuerpos muy bien armados,           
        adargas ante sus pechos,                
        gruesas lanzas en sus manos,            
        espuelas llevan ginetas                 
        y los frenos plateados.                 
        Como son tan bien dispuestos            
        parecen muy bien armados,               
        y por un repecho arriba                 
        salen más recios que galgos,            
        y súbenlos a mirar              
        del real del rey Don Sancho.            
        Desque a otra parte fueron              
        Dieron vuelta a los caballos,           
        y al cabo de una gran pieza             
        soberbios así han hablado:              
        -¿Tendredes dos para dos,               
        caballeros castellanos,                 
        que puedan armas hacer          
        con otros dos zamoranos                 
        para daros a entender,          
        no hace el rey como hidalgo,            
        en quitar a doña Urraca                 
        lo que su padre le ha dado?             
        No queremos ser tenidos,                
        ni queremos ser honrados,               
        ni rey de nos haga cuenta,              
        ni conde nos ponga al lado,             
        si a los primeros encuentros            
        no los hemos derribado,                 
        y siquiera salgan tres,         
        y siquiera salgan cuatro,               
        y siquiera salgan cinco,                
        salga siquiera el diablo,               
        con tal que no salga el Cid,            
        ni ese noble rey Don Sancho,            
        que lo habemos por señor,               
        y el Cid nos ha por hermanos;           
        de los otros caballeros,                
        salgan los más esforzados.              
        Oídolo habían dos condes,               
        los cuales eran cuñados:                
        -Atended, los caballeros,               
        mientras estamos armados.               
        Piden apriesa las armas,                
        suben en buenos caballos,               
        caminan para las tiendas                
        donde yace el rey Don Sancho,           
        piden que los de licencia               
        que ellos puedan hacer campo            
        contra aquellos caballeros,             
        que con soberbia han hablado.           
        Allí hablara el buen Cid,               
        que es de los buenos dechado:           
        -Los dos contrarios guerreros           
        no los tengo yo por malos,              
        porque en muchas lides de armas                 
        su valor habían mostrado,               
        que en el cerco de Zamora               
        tuvieron con siete campo:               
        el mozo mató a los dos,         
        el viejo mató a los cuatro;             
        Por uno que se les fuera                
        las barbas se van pelando.              
        Enojados van los condes                 
        de lo que el Cid ha hablado,            
        el rey cuando ir los viera,             
        que vuelvan está mandando;              
        otorgó cuanto pedían,           
        más por fuerza que de grado.            
        Mientras los condes se arman,           
        el padre al hijo está hablando:                 
        -Volved, hijo, hacia Zamora,            
        a Zamora y sus andamios,                
        mirad dueñas y doncellas,               
        cómo nos están mirando;                 
        hijo, no miran a mí,            
        porque ya soy viejo y cano;             
        mas miran a vos, mi hijo,               
        que sois mozo y esforzado.              
        Si vos hacéis como bueno         
        seréis de ellas muy honrado;            
        si lo hacéis de cobarde,                
        abatido y ultrajado.            
        Afirmáos en los estribos,               
        terciad la lanza en las manos,  
        esa adarga ante los pechos,             
        y apercibid el caballo,                 
        que al que primero acomete,             
        tienen por más esforzado.               
        Apénas esto hubo dicho,         
        ya los condes han llegado;              
        el uno viene de negro,          
        y el otro de colorado:          
        Vanse unos para otros,          
        fuertes encuentros se han dado,         
        mas el que al mozo le cupo              
        derribólo del caballo,          
        y el viejo al otro de encuentro                 
        pasóle de claro en claro:               
        el Conde, de que esto viera,            
        huyendo sale del campo,                 
        y los dos van a Zamora          
        con victoria muy honrados.
   Aunque los caballeros zamoranos no han sido tan apreciados por sus contemporáneos y la Historia como lo fueran los arqueros de tiro largo que ofrecían la ciudad y provincia de Zamora, algunos romances sí que alabaron la maestría de estos nobles guerreros, élite de todo ejército de su época.


   Aprovecho para colocar aquí este dibujo cuya forma y silueta ha sido inspirada en la del Capitán Trueno y que representa a un noble caballero zamorano que creé para un relato corto inspirado en el Reino de León de comienzos del Siglo XI. Creo que mis relatos de la época se inspiran mucho en los de Pérez y Pérez, experto en novelitas de este tipo. Por cierto, mi muchacho novelesco fue "bautizado" como Vellido Miguélez y es un conde de rango menor. Su traje se inspira (no es igual, pero se le parece) en uno que yo utilicé en una obra de teatro en la que encarnaba al futuro Alfonso VI, hermano de Doña Urraca de Zamora. La magia del "Paint" vuelve a la carga y tras muchos retoques... voila!.

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